Kichijoji, Inokashira koen

Hoy quiero investigar un barrio que no conozco, Kichijoji.

La razón principal es ir hasta el parque de Inokashira. A parte del parque, el barrio en si está muy bien.

Lleno de tiendas, puestos de comida, y pocos turistas, excepto claro está, una zona del parque.

Hay mucha gente en bicicleta, otros haciendo deporte, etc.

Y aquí viene la zona turística.

Y es que en este parque se encuentra uno de los museos más visitados de Japon, el museo Ghibli.

Me acerco a chafardear y a ver si siendo temporada baja y entre semana por casualidad hubieran entradas, pero que va…

Veo este cartel y una enorme cola para entrar, así que ya sabes, si quieres entrar en el Ghibli, pilla las entradas con bastante antelación.

Yo he decidido que ya lo visitaré cuando viva en Tokio.

Sigo el paseo por el parque, viendo como algunos arboles ya empiezan a cambiar el color de las hojas.

Visitando este templo…

Paseando al lado del estanque… Me ha gustado mucho el paseo matutino porque a parte hace un sol radiante en Tokio hoy también.

Hoy como en un Yoshino Ya, que es una cadena de fast food de aquí que está muy bien. Pido un cerdo al jengibre, bueno y barato. Otra vuelta mas por el barrio y vuelvo al mío, pero antes paso a hacer unas compras por las tiendas frikis temáticas de la estación de Tokio.

Ya en Asakusa, bañito en el onsen y con un colega de Tokio a cenar y tomar algo. Quería probar otro sitio de ramen que tenía apuntado y que esta casualmente en el barrio. Así que allá vamos a comer ramen azul! El sitio se llama Kipposhi ramen y está en una callejuela en dirección a la Tokio sky tree. Es un sitio pequeñito y tienen 2 o 3 tipos de ramen, nosotros pedimos el blue que para eso habíamos ido. No solo es bonito sino que esta muy bueno. Creo que el color azul es por algún tipo de alga parecida a la espirulina. Pero el caldo diferencia de mayoría de ramen que esta hecho de cerdo, es de pollo, muy suave, y los fideos caseros, se nota.

Hemos cenado muy bien pero para tomar algo más, vamos al otro lado de nuevo.

Hay una zona de bares, estilo izakaya pero con terrazas en la calle, Hanayashiki, y allí que vamos.

Tomamos unas cervezas y unos sakes, que por cierto está bastante bueno acompañados de algunas tapitas más, como el motsu (tripas, nuestros callos, vaya)

Así vamos terminando otra jornada, cerrando el bar junto con algún que otro sarari man descarriado sin demasiada prisa por volver a casa.

Y aunque todo quede aparentemente en calma, pienso que realmente Tokio es una ciudad que nunca duerme.

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