Hasta pronto Okinawa

El vuelo a Naha sale bastante temprano, por lo que cuando llego a la ciudad aun faltan unas horas para hacer el check in en el hotel y para encontrarme de nuevo con Masaya, mi amigo okiinawense.

Asi que tras dejar las maletas, pienso en dar una vuelta y hacer unas compritas. Hay un parque cercano al hotel, así que me acerco a ver que tal está.

Es el parque Fukushen que se construyó para celebrar la amistad entre Naha y la provincia china hermanada, Fuzhou.

Es así, de clara tendencia china, y es bonito para pasear y refugiarse un poco del intenso calor de la ciudad.

Luego voy a comprar unos regalitos más y a mirar más tiendas curiosas.

Y se hacen casi las 12 así que vuelvo al hotel donde hago el check in rápidamente pues con puntualidad japonesa, ya está Masaya esperándome en la puerta.

Hoy vamos rumbo a uno de los lugares turísticos más visitados de la isla principal de Okinawa: el acuario de Churaumi.

Para ello hemos de atravesar la isla casi de punta a punta ya que mientras Naha está en el sur, el acuario está en el norte, cerca de la bonita ciudad de Nago.

Así que como tenemos más de 1,30h de trayecto, paramos a comer algo por el camino.

En un sitio de soba super chiquitin pero con unos fideos muy ricos. Me pido estos sooki soba, con costilla de cerdo.

Y tras el papeo continuamos la ruta.

El paisaje es muy bonito, sobretodo a medida que nos acercamos al norte, pues vamos bordeando la costa y admirando este precioso mar de aguas cristalinas.

Aparcamos un poco pasado el acuario para ver otra zona de interés, llena de fukugi, una especie de árboles de aquí. Según el folclore, estos dos árboles crecieron unidos, cosa extraña y se considera un lugar que trae suerte y felicidad.

Además mi amigo me explica que es una zona tradicional, como era la Okinawa antigua, casitas sencillas, mucha arboleda. Es un lugar muy bonito.

Y luego si que vamos al acuario.

El acuario de Okinawa es el segundo más grande del mundo y está ubicado en este privilegiado entorno.

Tiene un montón de especies autóctonas y de otros mares. Pude ver la peligrosa medusa habu, entre otras rarezas.

Pero lo realmente espectacular es el enorme tanque desde el que puedes ver al tiburón ballena.

Este era un día festivo en Japón por lo que el acuario estaba a reventar de japoneses y también de mucho turista coreano.

De vuelta a Naha hay un poquito de caravana, por lo que tardamos bastante en llegar, pero el trayecto pasa muy ameno mientras escuchamos y cantamos canciones okinawenses y otras, y de nuevo admirando el paisaje, aún más bonito si cabe, al atardecer.

También vamos hablando, practicando mi warui japonés con Masaya (él sólo me habla en nihongo).

Me invade una sensación de felicidad suprema.

Y tras algo más de 2 horas de trayecto llegamos a Naha.

Me despido de Masaya san, agradeciéndole el haberme llevado a descubrir esta otra parte de la isla y esperando volver a verle pronto en Okinawa o en Barcelona.

Ha sido una despedida genial de las islas Ryukyu, un destino para repetir sin duda. Mañana vuelvo a Tokio y he de madrugar de nuevo pero no tengo prisa por dormir.

Me tumbo en la cama a descansar y mientras me va atrapando el sueño, vuelvo a ver con los ojos cerrados las palmeras agitarse suavemente frente al mar, meciéndose al ritmo del sanshin que sigue sonando en mi cabeza.

Es magia. Es vida. Es Japón.

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