Taketomi y despedida de Ishigaki

Taketomi fue la ultima isla Yaeyama que visité y también me gustó, pero quizá no la disfruté tanto como las otras porque hacía mucho viento y llovía un poquito. Está solo a 10 minutos en barco desde Ishigaki. Una vez en el puerto la mayoría de gente, como en Hateruma, alquila una bici para recorrer la isla, y eso hice yo también. Así pude ver la playa de Kaiji, que es famosa por tener arena en forma de estrella, aunque yo no vi ni un solo grano de esa forma (y creo que resto de nipones tampoco) Venden como souvenir botellitas con arena en forma de estrella. Creo que años atrás si se podía ver en la playa, pero actualmente es arena normal. La playa es bonita y tiene un montón de simpáticos cangrejitos ermitaños. Tras estar un ratito buscando los granitos-estrella sin éxito, voy pedaleando hasta la otra playa famosa, Kondoi. La playa está bien pero no es la más bonita que he visto en Okinawa, a parte hace bastante viento y empieza a lloviznar por lo que no apetece demasiado bañarse. Continúo mi ruta y esta vez voy sin rumbo por la primera carreterilla que encuentro. La isla es muy pequeña y es difícil perderse, sin saber cómo, llego a la zona habitada. Está nublado y llueve un poquito, pero pedalear con viento en contra hace que este sudando la gota gorda, así que paro en el pueblecito a tomarme algo fresco. Un helado de karintou que está muy rico.

El pueblecito es muy bonito, las casas son de piedra y con tejados rojos y lo curioso es que casi todos tienen una shisa en él (en vez de ser 2 y estar a ámbos lados de las puertas de entrada).

Otra atracción típica de aquí es dar un paseo en un carro tirado por un búfalo de agua mientras te van poniendo música tradicional okinawense. Esta opción evidentemente no la hice: a parte de verlo una turistada me dan un poquillo de pena los búfalos, pero hay gustos para todo. Tras pasar la mañana aquí y dado que el día está un poco tonto meteorológicamente hablando, decido regresar a Ishigaki. Quiero aprovechar la tarde para ver algo más, así que pienso en ir a Kabira Bay, que está en la otra punta de la isla pero puedo acceder en bus en una hora escasa.

Cuando voy a la parada del bus me dicen que el que quiero coger no pasa en domingo y el siguiente sale dentro de 1 hora. Buff! el problema es que si me espero 1 hora, más la hora de recorrido, llegaría allí de noche y no se vería nada, así que, fail. Me quedo sin ver Kabira Bay. Doy un paseo por las tiendecillas y compro algunas algas y cosas raras que creo que no encontraré fácilmente fuera de estas islas y me voy al hotel hasta la hora de cenar.

Se me ha antojado sashimi y aunque Ishigaki es famosa por su ternera, el pescado también tiene muy buena fama. Además cada día paso por una especie de restaurante familiar de sashimi y tempura que está justo enfrente del hotel.

Decido cenar ahí.

Pero por lo visto esta tarde no estoy de suerte y cuando bajo dispuesta a devorar sashimi en cantidades industriales, el local está cerrado.

Ohh, que pena! Pues a buscar otro lugar donde hacer una última cena en Ishigaki. Después de dar unas vueltecitas veo un sitio que tienen, a parte de sashimi, más especialidades okinawenses, así que tras mirar la carta (toda en japonés) y animada por una trabajadora del restaurante que me sonríe amablemente y me dice que entre, pues decido entrar aquí.

Y ahora viene el mal rollo del que hablaba el otro día…

La mujer que me ha dicho que entre, indica que hay un cliente (que soy yo, esperando) Cuando estoy casi quitándome los zapatos, aparece una señora y como si hubiera visto al mismísimo diablo, se le transfigura la cara y me empieza a decir dame, dame, que me pire vaya, pero sin darme tiempo siquiera a decirle que sí, que ya se que todo esta escrito en japones, pero que entiendo la carta y que quiero comer ahí.

Me voy con la cabeza gacha y con esa sensación amarga de que en este, mi adorado país nipon, siempre seré una gaijin…

Con muy mal sabor de boca, pienso en ir al bar del matrimonio de Tokio que tan bien me acogieron cuando llegué a Ishigaki la primera noche, a ver si se me pasa un poco el cabreo que llevo.

Pues tercer intento frustrado del día, (tras el fail de Kabira bay y del sashimi), el bar está cerrado.

Definitivamente no es mi día.

Paso por el Family Mart y me compro avituallamiento y al hotel. Ya no tengo ganas de cenar ni tomar nada más en esta isla.

Ya me pondré tibia de pescado crudo en Tokio.

No ha sido el mejor día en estas islas, sobretodo por la tarde, pero eso no me va a quitar las ganas de seguir disfrutando de este país que sigo adorando, pese a toparme con gente borde (aunque la verdad la mayoría no lo son, en Ishigaki me lo han parecido más que en otros lugares)

Además el día siguiente, mi último en Naha, yo aún no lo sabia, pero iba a ser un día genial, una buena despedida de Okinawa que contaré en breve.

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