Japón 2017. Día 5: Nikko

Hoy nos vamos de excursión, la segunda desde que estamos en Tokyo. Viajaremos a Nikko, patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. Alberga paisajes naturales de gran belleza y obras arquitectónicas de gran valor cultural. 

Como Nikko está lejos, a unos 150 km de Tokyo, y aprovechando el JR Pass vamos a usar el Shinkansen, el tren de alta velocidad Japonés. Uy qué lástimaaa, que yo no queríaaaa 😎 Conviene reservar asiento en el Shinkansen antes del viaje, ya que, aunque existen asientos sin reserva, en hora punta es posible que nos quedemos sin plaza. Por eso, hemos reservado el de ida y el de vuelta, aunque ello suponga tener una hora límite de vuelta.

La primera parte del viaje la hemos hecho en tren, Shinkansen mas un trasbordo en la Nikko Línea hasta Nikko. 

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Una vez allí, nos hemos de mover por los alrededores a pie o en autobús, que no está incluido en el JR. Básicamente, de Nikko se ven 3 ó 4 templos principales, un puente y una cascada, y si te quedas más días se pueden hacer rutas turísticas por el lago o por el parque natural. Pero con un solo día, complicado poder hacer estas dos últimas cosas, de hecho, es difícil ver todas las primeras sin morir en el intento. A nosotros sólo nos interesaba ver el santuario Toushougu, dedicado a Tokugawa y famoso por los tres monos (el que no oye lo que no puede ser oído, el que no dice lo que no puede ser dicho y el que no ve lo que no puede ser visto), el puente Shinkyou, y para cambiar un poco el registro histórico-cultural que llevamos, la cascada Kegon, una de las más famosas de Japón.

Una vez llegas a la estación de Nikko, es interesante que vayamos directos a la ventanilla de tickets, saliendo a mano derecha, ya que nos van a ofrecer unos vales de autobús con los que podemos usar el servicio tantas veces como queramos y hasta donde indique el vale. Hay varios, de diferente tipo y tramos (por ejemplo, en nuestro caso hemos comprado un vale que nos llevaba hasta la catarata, viajes infinitos y válido durante dos días por 2000¥) Si no hacemos esto, y queremos usar el servicio de autobús hasta la cascada, preparaos el vientre para que os hagan el suicidio ritual, porque sale carísimo (viaje de ida hasta las cataratas 1150¥) Eso si, no cometáis el mismo error que hemos cometido nosotros, esto es, equivocarnos de autobús y no darnos cuenta hasta pasadas unas paradas. Cuando nos hemos dado cuenta, hemos tenido que abonar la diferencia y dar marcha atrás, abonando otra vez la diferencia.

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Hay que aclarar alguna cosa sobre los viajes en autobús en Japón. Primero, por norma general se accede por la puerta de detrás del mismo (aunque en Nikko de 4 autobuses, sólo se ha hecho en uno). Se paga al llegar al destino, abonando la cantidad justa en metálico (la misma máquina en la que se paga recoge por otro sitio billetes y te da cambio). Son pequeños, pero pasan con frecuencia. Nota curiosa, el conductor lleva siempre guantes blancos impolutos, así como los taxistas (nota mental, tengo que averiguar porqué)

Dicho esto, hemos cogido un autobús que nos ha llevado desde la estación de tren hasta arriba, en la montaña, desde donde se podía ver la cascada, unos 40 minutos de trayecto, y hemos podido contemplarla…Una cascada, un impresionante salto de agua. No voy a ocultar un poco mi decepción. Y que esperaba? La verdad es que no lo sé, algo más, quizás. Vale la pena pagar esos 2000¥ del vale de autobús por persona para ver la cascada? Depende, quizás para un solo día, no. O que se te antoje mucho ver la cascada y luego pateartelo todo en bus…o que te sobre el dinero…o que no lo sepas, como nos ha pasado a nosotros.

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Por lo menos, en el trayecto hemos podido ver el lago…dos veces, porque ha sido cuando nos hemos equivocado de autobús para bajar. El autobús que realmente baja de nuevo a la estación de tren desde el punto donde lo hemos tomado, hacía un alto en la estación desde donde se puede ver la cascada. Ha sido en ese momento cuando nos hemos quedado solos en todo el trayecto de bajada. El amable conductor, llamémosle Kamikaze San, nos ha aconsejado que nos sentáramos delante del todo, de manera que podíamos ver en panorámica todo el trayecto. Qué majo el señor conductor, le sonreímos. Que bonito el paisaje, al comenzar el trayectos, nos reíamos. Y luego se ha reído él. Porque la carretera, de un solo sentido y de bajada, carretera de montaña, ha cambiado de carretera feliz, a carretera infernal con curvas de 180 grados (o más) y desfiladero de vértigo a un lado. Y esto estaría bien si no fuera porque el señor conductor, profesional él, sabiéndose todo el trayecto de bajada, tomaba el volante y lo giraba en las curvas como si fuera un timón de barco el capitán le gritara “todo a baboooor”, y ale, todos los del autobús (nosotros dos) a un lado, y luego al otro, y el autobús fregando los quitamiedos de la carretera. Y de vez en cuando, cuando al señor Kamikaze se le antojaba, decía “mite,mite” (mirad, mirad) y por la parte delantera se asomaba un abismo de cientos de metros de caída libre, mientras el conductor seguía girando el volante y riéndose a lo Freddy Krueger (esto último lo he visualizado yo). Os puedo prometer que ese tipo ha disfrutado con esos momentos, le he notado una ligera mueca en su serio semblante. Ya se ha ganado el sake y la espada para la próxima misión suicida. Pero ha habido momentos bonitos en el trayecto. Hemos visto algún cervatillo…y una cascada. Y ya.

Después de pasar por la montaña rusa japonesa, nos hemos dirigido al puente Shinkyou, es un puente muy bonito la verdad. Dicen que en el pasado solo el emperador podía cruzarlo.

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Y seguidamente hemos visto el santuario Toushougu, el de los tres monos. Es un santuario diferente, muy colorido, a diferencia de los que hemos visto hasta ahora. En este santuario es en el primero que nos hemos tenido que descalzar más de una vez para visitarlo todo. Pobrecita, mi mujer no sabe lo que le espera en Kyoto 😂

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Es un santuario que está en estos momentos en obras, como alguno más que hemos visitado en Kamakura y Tokyo. Supongo que deben estar dejándolos listos para el 2020, para las Olimpiadas. Me pregunto si ya habrán escogido canción…

Y por hoy hemos tenido suficiente. Hemos dedicado el resto de la tarde a disfrutar un poco del magnífico día que hacía en Nikko, y del viaje de vuelta en tren.

La verdad es que merece la pena quedarse una noche en Nikko y disfrutar del lugar. El paisaje es magnífico, y para ver los templos se necesita más de un día, pero bueno, como todo en los viajes no? Hacemos un “tastet” y a otra cosa, que lo importante es disfrutar sin agobios

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