Japón 2017. Día 4: Asakusa y Shibuya

“Agua…aire…!” Así podríamos resumir el día de hoy. “Agua”, por la cantidad de litros que hemos ingerido y expulsado, y “aire” por la cantidad de gente con la que nos hemos encontrado, tanta que a veces te sentías un poco asfixiado. Y es que, venir en fiestas a una gran ciudad, ya de por sí masificada, tiene sus pros y sus contras. Por un lado es genial porque ves en plena efervescencia a los habitantes del lugar, pero por otro te encuentras con doble aglomeración, la propia de la festividad y la del turismo.

Hemos empezado el día en Asakusa, bajando por la calle donde está nuestro hotel, casi en la estación de Ueno hasta Asakusa, y estaba toda engalanada y los tenderetes preparándose para la celebración. Como íbamos temprano no había nada preparado aún, así que hemos llegado a los alrededores de Asakusa en menos de 20 minutos. 


Hemos podido curiosear sin problema las pocas tiendas que estaban abiertas, hasta llegar a los alrededores del templo. Os acordáis cuando éramos pequeños y veías un hormiguero, y lo pisabas para verlas salir? Pues eso, pero en personas. 

Yo ya me esperaba que hubiera mucha gente, quizás no tanta,  pero bueno, que no me ha sorprendido mucho, pero mi mujer se ha quedado anonadada. Hemos pasado casi de puntillas (o mejor dicho, a paso de muñeca de famosa) por los puestos de recuerdos, por la puerta con los tres fanales y por el templo, y nos hemos alejado en dirección al río, para luego, siguiendo su curso, llegar al edifio de Bandai, donde me he hecho una foto con una reproducción a cuerpo entero de Son Goku (había también de otros personajes, como Doraemon, pero donde esté Goku…)  Por cierto, de camino, en un cruce, nos hemos topado con un tipo sentado en una silla y con un artilugio parecido al que se usa para contar personas, pero en vez de uno había como seis o más juntos. Luego, en la otra esquina había otro tipo, pero es que nos hemos fijado y en cada esquina había uno con semejantes artilugios. Que estarían contando? Sólo se nos ocurre que contaban vehículos de diferentes tipos. Si es así, menuda paciencia, y menudo trabajo. Olé la parsimonia nipona!

Hemos tomado el tren y nos hemos plantado en Meiji Jingu, un templo dedicado al emperador Meiji, situado dentro del parque Yoyogi. La verdad es que es un sitio precioso, lástima que el templo esté en obras, pero sí hemos tenido oportunidad de entrar en los jardines del palacio. Mi mujer no hacía más que pedirme si le podía hacer unos iguales…sí cariño, sí, lo que tú quieras, pero hoy no que hace mucho calor 😋

Queriamos ver a las tribus de Rockabillies que poblan ese parque los domingos, pero, o se habían ido a tocar la gaita (guitarra, perdón) a otra parte o se han derretido como muñecos de cera en el asfalto debido al calor. Para entonces, ya habíamos bebido cada uno 1 litro de agua y estrujado de nuestras camisetas otro tanto. Lo que sí hemos visto es una boda tradicional japonesa. Según parece,es frecuente verlas los domingos.

De aquí, hemos bajado por la calle Takeshita Dori (hoy debería haber cambiado el nombre por “galería del hormiguero Takeshita”) y sus incontables tiendas, entre ellas una tienda Daiso de 5 plantas que hemos visitado con mucho gusto (y donde hemos comprado como locos por 100 yenes, más impuestos, que eso no lo dicen clarito) 

Hemos aprovechado que estábamos allí para comer algo rápido y luego nos hemos puesto rumbo al adinerado barrio de Sendagaya, donde hemos visto más coche lujoso por metro cuadrado que nunca en está ciudad, para luego ir a buscar Aoyama Dori y bajar, empapándonos del lujo (y sudor) de las tiendas, hasta Omotesando y continuar hasta el conocidísimo cruce de Shibuya (que es donde debe vivir la hormiga reina, de este nuestro hormiguero). Ese cruce que sale a menudo en los documentales pasando gente sin parar. 

Pero estos documentales no enseñan la estatua del perro Hachiko, que realmente es lo que yo quería ver. Pobre Hachiko, si supieran tu historia

Ya cansados volvemos al hotel, pero antes, nos volvemos a pasar por la calle que esta mañana estaban preparando para la fiesta, y sí, ahora ya está más animada, pero no tan abarrotada como para no quedarnos a disfrutar un poco de la fiesta.

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