Irlanda Día 2, de Galway a Limerick

Hoy nos hemos levantado pronto para desayunar. Hay que darse prisa porque la predicción dice que lloverá a media tarde, justo hoy que queremos ir a los acantilados de Moher. Esta lloviznando ligeramente y estamos a 15 grados en pleno mes de Julio. Que gusto pasar un poco de fresquito. Dejamos el B&B y nos dirigimos a la zona turística por excelencia en Irlanda. Pronto dejamos las carreteras “normales” para entrar en las estrechas, esas tan pintorescas que salen en las películas. Deben ser pintorescas por los restos de pintura de los coches de alquiler, se ha de ir bastante pegado al borde izquierdo, donde está el muro, para no tocar al coche que viene de frente, y cuando viene un autocar de frente te entra algo en el cuerpo…se te encoge todo. Pero no se puede parar, reduces un poco, hay que seguir, evitas las ganas de cerrar los ojos y solo piensas “por dios que pueda pasar…”. Los Irlandeses ni se inmutan y pasan a escasos centímetros a velocidades de vértigo. He visto señales de prohibición de ir a más de 100km/h en sitios en los que a duras penas cabe el culo de un caballo en cada sentido. Debe ser cosa de sus coches que se estrechan automáticamente cuando se han de cruzar con otro. Evidentemente los de Budget no me han dado uno de esos.

Entre “ays” y “uys” llegamos a Kirnvarra, un pueblecito costero encantador que tiene un castillo. Después de un rato más en tensión por las carreteras irlandesas, llegamos a Doolin, el pueblo más cercano a los acantilados y donde podemos encontrar en una cueva una de las estalactitas mas grandes del mundo. Desde la oficina de turismo de Doolin se pueden contratar paseos en barco para ver los acantilados o llegar a las islas Aran, un grupo de tres islas cerca de Doolin.

Muy cerca se encuentra nuestro destino, los acantilados de Moher pero antes, si se va en coche, hay que dejarlo en el aparcamiento del complejo, evidentemente, de pago. Sí, hay un complejo turístico con tiendas de artesanía local, música y restaurante, además de una sala donde se exponen vídeos sobre las distintas especies de aves y demás fauna de los acantilados, ya que es una zona protegida que sirve de hábitat de numerosas aves. Qué decir de los acantilados, son espectaculares. Hay una ruta que va desde una torre, en una punta, hasta el otro lado de uno de los acantilados, pero se puede seguir el contorno de todos ellos hasta llegar a otra torre en la otra punta pasando por un camino que atraviesa fincas particulares. No es el camino “oficial”, pero si se quiere ver todo el contorno de los acantilados hay que pasar por ahí. El camino no está adaptado para todo el mundo como si lo está el oficial, hay que tenerlo en cuenta.

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La zona esta muy concurrida y se forman autenticas mareas de gente. Paralelo al camino que marcan las fincas privadas para el paso, y mas cerca del borde de los acantilados, transcurre un camino alternativo que toma mucha gente. Muchas veces no hay otra alternativa que saltar a ese camino por la cantidad de gente de hay. En ese caso hay que tener presente que no hay nada más que unos pasos entre nosotros y el borde del acantilado.

Después de los acantilados nos dirigimos a Limerick. En esta ciudad podemos encontrar, entre otras cosas, la catedral de St. Mary y el castillo del rey Juan. Cansados de caminar llegamos al hotel Pier donde nos alojaremos esta noche.

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